Ver – Examinar – Actuar

Probablemente -por no decir seguramente- en nuestras diarias actuaciones, ya sean en el campo personal, social o profesional, no las sometemos a reflexión antes de actuar en cada uno de ellas porque es bien sabido -así lo pensamos- el modo y manera de abordar su ejercicio.

Dicho de otro modo, basados en nuestra personal experiencia, entramos al ejercicio sin dedicar el más mínimo tiempo a VER la extensión del problema que se nos presenta, su importancia y las consecuencias que de una u otra decisión adoptada por nuestra parte, pueda derivarse.

Porque VER, que parece tan sencillo -y lo es-, puede que no siempre sea así y pueden darse circunstancias que originen derivadas de singular dificultad que sin ser vistas en un principio, surgen de inmediato cuando una ligera decisión las pone de manifiesto.

VER es sencillo, cierto, pero no es justificante para dejar de pasar al siguiente paso en la actuación que como buenos profesionales y ejemplares directivos hemos de cumplir, y que es la REFLEXIÓN.

También parece fácilmente asumible que visto el problema del signo o calibre que sea, y dominada la totalidad o al menos la mayoría de los extremos del mismo, se hace preciso -con todo el detenimiento que sea posible- cuanto más mejor- reflexionar sobre el recorrido de una u otra decisión, sobre los inconvenientes que pueden derivarse si la misma no ha contemplado las posibles opiniones o necesidades de nuestro interlocutor, incluso su situación personal para que pueda prestar su adhesión positiva en un caso y resignada en otro.

EXAMINAR es intuir, adivinar, comprender, incluso estar dispuesto a admitir parte de los posibles argumentos -si se dan en la negociación de un tema o de un proyecto- que presenta la otra parte.

Examinar es saber -porque se han considerado todas las variables del problema- dónde está la línea infranqueable y hasta dónde se puede realizar un trueque si las circunstancias lo exigen.

Ir a la situación del problema sin haber visto estos dos supuestos que hemos señalado: VER y EXAMINAR, es ir mal pertrechado para lograr una buena salida o peor aún, ir directamente al fracaso.

Finalmente queda la ACTUACIÓN.

Es la etapa final y para ella nos hemos preparado en las dos anteriores. Toca ahora actuar y hay que tener serenidad y, por supuesto, paciencia junto a la firmeza.

Decíamos unas líneas atrás, que había que estar provistos de argumentos que nos dieran la seguridad de nuestra posición y a ser posible el mayor conocimiento de los que pueda argumentar la otra parte. ¡Ciertamente!

Pero es evidente que con paciencia para poder demostrar y después convencer y, por último, esa firmeza para poder tomar la mejor decisión, nuestra actuación estará rodeada de las condiciones más lógicas y de mayor garantía para que termine en éxito.

Pedro Murga Ulibarri – Consejero de Acción Social Empresarial

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